...Pero esto, curiosamente, no es del todo cierto porque para leer, cómodamente e inclusive gratis, se inventaron las bibliotecas públicas donde están disponibles al público centenares de libros. El problema, pienso, va por rumbo distinto.
Recuerdo el caso de un joven con quien me crucé en una librería. Me llamó la atención que comprara "El viaje del elefante" de José Saramago. Le pregunté, tratando de no ser considerada una entrometida, si compraba el libro porque le gustó el título o porque conocía el estilo de Saramago. Me respondió que le gustaba leer a Saramago. Vaya, me dije, qué fabuloso que jóvenes se interesen por la obra del Novel portugués.
A la hora de pagar libros me crucé con esta persona de nuevo y le pregunté: ¿Aparte de tí, en tu casa, alguien más de tu familia lee? Su respuesta me dejó sorprendida, pero me dio elementos para confirmar el valioso papel que juega el entorno familiar para formar lectores. Me dijo que él había agarrado el gusto por la lectura a partir de dos personas; su abuelo, que todos los días leía el periódic, y su madreque tenía un par de libros de Rosario Castellanos.
No es difícil adivinar que, con el tiempo, él mismo se transformó en asiduo lector del periódico, leyó a la Castellanos y seguramente dio lectura a cuanto libro pudo. Así de simple se forma un lector. No hay fórmula mágica. Pero no cabe duda que, el hogar primero y enseguida la escuela son un par de fuentes básicas para abrevar el gusto por la lectura.
Bueno, regresando al hecho que siempre me pone al borde de la consternación, se me hace oportuno preguntar hasta dónde podemos dar como válido el estigma que, quien sabe quien, parece habernos endilgado como destacados productores de gente que no lee. O peor, aun que no ha leído jamás. ¿En serio estaremos tan mal en México?
Tomado de: Sol y sombra- Bertha Paredes Medina
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